
Decía Goethe que si dibujase a su perro exactamente como es, “naturalmente tendría dos perros, pero no una obra de arte”. Y es que la pintura no tiene que ser una fotocopia de la realidad, sino un vehículo que refleje, con trazos y colores, la interpretación de lo que vemos.
Esto es lo que lleva haciendo diez años Óscar Rivas, uno de esos jóvenes talentos que el mundo artístico aún no ha sabido colocar en el lugar que le corresponde. Dice que “siempre andaba pintando, desde la cara de mi pobre madre (porque a eso no se lo podía llamar maquillar) hasta una mano en una servilleta, pero sin pensar en dedicarme profesionalmente a ello”.
Y entonces, con 18 años, comenzó sus estudios de Diseño de Moda en el IED y descubrió que lo hacía bien y que quizá “podría hacer de esto mi vida”. Fue su profesor de Ilustración de moda Arturo Elena (diseñador e ilustrador para, entre otros, Cosmopolitan o Roberto Verino), quien le inculcó esta pasión y le enseñó a utilizar la técnica que caracteriza sus dibujos: rotuladores de base alcohólica cuyos tonos de funden dando lugar a unos colores difíciles de conseguir con otros métodos. “Se trata de rotuladores que te permiten crear todo tipo de texturas y tejidos y que mantienen su color vibrante a través del tiempo. El grado de realismo que se consigue es fascinante y fue esa fascinación la que hizo que me decidiera a no dejar de dibujar desde entonces”.
Su primer trabajo fue hace ya casi 9 años, cuando hizo los dibujos para la carpeta de prensa de un diseñador novel llamado Numen. Un año después la revista Mia le dio la oportunidad de hacer algunas ilustraciones más para su número especial Belleza y ahora casi 7 años después, ha colaborado con la revista Zero (en su suplemento especial de moda ZDM) en su número de otoño/invierno 2007 y 2008. Para estos últimos ha utilizado tanto rotulador para potenciar las prendas- como lapicero para cara y manos-. “Supongo que todavía estoy encontrando un estilo más personal por eso intento fusionar diferentes técnicas para conseguir diferentes resultados”.
Dice que el gran problema de ilustrar para el mundo editorial es el tiempo, ”los timings son imposibles de conseguir, yo disfruto con cada dibujo que hago y para disfrutarlo al máximo debo hacerlo a mi ritmo”, pero tiene muchos planes para el futuro: “espero seguir colaborando con la revista Zero y conseguir publicar mis trabajos a nivel internacional. Ahora mismo estoy trabajando en un proyecto que de conseguirlo me llevará muy lejos, casi a las antípodas.”